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Elias… ¡Sal de la Cueva!

Yo creo que no debo tener miedo a servir a Dios y hacer lo que a él le agrada, porque él está conmigo

1 Reyes 19:1-15

¿Alguna vez has tenido miedo? Todos hemos tenido miedo en algún momento,  sólo que a veces el miedo que tenemos no deja que nosotros podamos hacer las cosas que Dios quiere que hagamos.

¿Recuerdas a Elías? ¿Recuerdas cuando Dios envió fuego del cielo para consumir el sacrificio, y dejó burlados a 450 profetas de Baal y además les cortó la cabeza a todos? Nadie podría imaginarse que Elías podría tener miedo, pero si lo tuvo.

Después de que murieron los 450 profetas de Baal, el rey Acab le contó a su malvada esposa Jezabel, como Elías había acabado con ellos.  Jezabel era una reina que adoraba a Baal, así que al saber la noticia se enojó muchísimo, y le envió a Elías un mensajero diciendo – Que los dioses me quiten la vida o me hagan algo peor, si mañana a esta hora no estás muerto igual que los profetas de Baal.

Cuando Elías escuchó el mensaje, le dio mucho miedo, él conocía a Jezabel y sabía que era muy mala, así que inmediatamente se fue a una ciudad de Judá que se llamaba Beerseba y dejó allí a su criado, y luego caminó hasta el desierto solo.

Después de caminar por mucho por el desierto, se sentó debajo de un arbusto que se llama enebro, estos arbustos son más grandes que los otros y las personas que caminaban en el desierto les gustaba sentarse bajo su sombra porque los cubría del fuete sol, así que Elías se sentó y le pidió a Dios que le quitara la vida, y luego se quedó dormido.

Después de un rato, un ángel lo despertó y le dijo – Elías, levántate y come – cuando Elías se levantó miró un pan y una vasija de agua, y entonces comió y bebió y volvió a dormirse.

Pero el ángel volvió por segunda vez y le dijo – Elías, levántate y come, porque te hace falta un largo camino, entonces Elías comió y con más fuerza se levantó y caminó durante 40 días y 40 noches por el desierto, hasta un lugar que se llama Horeb, y se metió a una cueva en donde pasó la noche.

Mientras estaba en la cueva, Dios le habló y le dijo – ¿Qué haces aquí Elías?, entonces Elías le dijo – Señor yo te he servido, pero el pueblo de Israel no te ha obedecido y además ha matado a todos tus profetas, sólo yo he quedado y ahora Jezabel me busca para matarme.

Entonces Dios le dijo – Elías, sal de la  cueva y párate delante de mí en la montaña.

Inmediatamente sopló un viento muy fuerte que movía los árboles de la montaña, Elías buscó a Dios en el viento, pero allí no estaba, luego vino un terremoto y Elías pensó que allí estaba Dios, pero tampoco estaba allí, luego apareció un fuego, y tampoco Dios estaba allí.  Después de todo esto se quedó todo Silencio y solamente se escuchaba un sonido apacible, Elías comprendió que tenía a Dios delante de él así que se cubrió el rostro con su capa, y se quedó en la entrada de la cueva, porque sabía que no podría verlo de frente porque su gloria lo mataría.

Dios le preguntó nuevamente – Elías ¿Qué haces aquí?

Y Elías volvió a decirle – Señor siempre te he obedecido, pero tu pueblo Israel se ha olvidado de ti, adora a otros dioses falsos y no hace lo que te agrada, además me buscan para matarme.

Dios le dijo a Elías  -  regresa por el desierto de Damasco y cuando llegues a la ciudad unge a Hazael como rey de los sirios y a Jehú como rey de Israel y también encuentra a Eliseo y úngelo como profeta, él estará en tu lugar como profeta de mi pueblo, y te aseguro que el pueblo de Israel recibirá su castigo por parte de estos hombres, pero debes saber que hay siete mil personas que no se arrodillaron ante Baal y tampoco dejaron de obedecerme.

Elías al escuchar a Dios se dio cuenta que se había olvidado por un momento que tenía un Dios más poderoso que Jezabel, y que además lo iba usar para ungir nuevos reyes, y que tenía un plan especial para él, porque ya había elegido quien lo reemplazaría, entonces dejó el temor que tenía e hizo lo que Dios le mandó.

Si Elías hubiera seguido con temor, Dios hubiera usado a alguien más para ungir otro rey de Israel en lugar de Acab y Jezabel, y no hubiera recibido las bendiciones de Dios en su vida.   Lo mismo puede suceder con nosotros, a veces nuestros temores hacen que dejemos de servirle a Dios en lo que él quiere o que dejemos de lograr cosas en nuestros estudios, o  con nuestras familias, debemos confiar que tenemos un Dios muy poderoso y que él nos ayuda a vencer nuestros temores.

 

 

 

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