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José Perdona a sus Hermanos

Un corazón saludable perdona a quienes le han hecho daño

Génesis 41-45

Dios había usado a José para interpretar los sueños del Jefe de los coperos y del Jefe de los panaderos del rey de Egipto, pero cuando el copero del rey estuvo de nuevo en su trabajo, se olvidó de él.  A pesar de eso José no se cansó de seguir ayudando a los demás, lo hizo con los demás presos que estaban en la cárcel, y eso era muestra de que su corazón estaba limpio, saludable, así como a Dios le agrada.

Después de que José ayudara a aquellos dos hombres pasaron dos años más, y un día el faraón  (así le llamaban al rey de Egipto) tuvo un sueño; él se veía parado frente al río Nilo, y de pronto vio salir del río siete vacas gordas que salieron a comer pasto, pero luego vio salir otras siete vacas, pero estas era muy flacas y feas, y se comieron a las siete vacas gordas, y en ese momento el faraón despertó.

Volvió a dormirse y tuvo un sueño similar, esta vez habían siete espigas de trigo  grandes y llenas y hermosas y luego brotaron otras siete espigas secas y quemadas  y estas se comieron a las  primeras espigas, y en ese momento se despertó.

A la mañana siguiente llamó a todos los sabios de Egipto y les contó el sueño para que lo interpretaran pero nadie pudo hacerlo.  De pronto el Jefe de los coperos se recordó de José, y le contó a faraón que cuando había estado preso con el Jefe de los panaderos, un joven hebreo que era esclavo del capitán, había interpretado el sueño de cada uno de ellos y que todo había sucedido como él lo había dicho.

El faraón inmediatamente envió a traer a José, y cuando estaba delante de él le dijo:

– He tenido un sueño que nadie ha podido interpretar, pero me han contado que tú escuchas los sueños y puedes interpretarlos.

José inmediatamente le respondió:

– No soy yo quien puede hacerlo, sino Dios es el que me dice lo que significa, y quien te dará la respuesta que necesitas.

 El faraón le contó el sueño a José, quien escuchó detenidamente lo que el rey decía, y luego le respondió

– Los dos sueños significan lo mismo, y Dios le ha mostrado al rey lo que ha de pasar en el futuro;  las siete vacas gordas y las siete espigas hermosas son siete años de abundancia en la tierra de Egipto y los otras siete vacas feas y delgadas y las siete espigas quemadas y secas, son siete años de escasez que vendrán detrás de los siete años de abundancia.  La escasez será tan fuerte que las personas se olvidarán que hubo abundancia siete años atrás.  Si Dios le mostró esto al rey, es porque sucederá pronto, así que el rey debe buscar a un hombre sabio y correcto, para que durante los siete años de abundancia, se guarde la quinta parte de la cosecha, y almacenarlo en las ciudades para que haya una reserva de alimento para cuando vengan los siete años de hambre y entonces en Egipto haya que comer.

El faraón, estuvo de acuerdo con el plan de José y pensó que siendo José tan sabio él era el indicado para que se hiciera cargo del plan.  Le dijo que todo el pueblo de Egipto debía cumplir sus órdenes, que solamente el rey tendría mayor autoridad que él.  ¿Imaginas eso? después de haber sido esclavo, José ahora era el segundo al mando en todo el país de Egipto, y además el rey le dio su anillo, y lo vistió con ropas finas y un collar y además lo subió en un carro para que todos en el país lo conocieran y supieran que él era el segundo a cargo en el reino.

Tal y como José lo había dicho vinieron los siete años de abundancia, y todos obedecían a José, y guardaban la quinta parte de la cosecha, porque era mucho lo que se cosechaba, y luego vinieron los siete años de hambre, y en toda la tierra de Egipto y los países cercanos no había alimento, y cuando se enteraban de que Egipto tenía alimentos iban y compraban allí, porque era el único país con alimento.

Jacob, el padre de José se enteró de que en Egipto había alimento, así que envió a sus diez hijos mayores a comprar  a Egipto.  Cuando llegaron, los mandaron hasta donde estaba el Gobernador de Egipto, y ese era José, al llegar frente a él, los diez se postraron ante él.  José los reconoció inmediatamente, pero ninguno de ellos se dio cuenta de que tenían frente a ellos al hermano que habían vendido.

José recordó el sueño que había tenido cuando estaba con su padre, pero no les dijo quien era, y para averiguar cómo estaba su padre, les habló muy fuerte y les dijo – ¡seguramente son espías y vienen a ver si Egipto está desprotegido!

Ellos inmediatamente le respondieron que no, que iban a comprar alimentos para su familia – somos todos hermanos – dijo uno de ellos – vivimos con nuestro Padre, eramos doce hermanos, el menor se quedó con nuestro padre y el otro ya no vive.

José insistió y les dijo – si en verdad no son espías, deben traer a su hermano menor par que yo les crea, y luego los envió a la cárcel.  Después de tres días fue con ellos y les dijo que dejaran a uno de ellos y que los otros nueve llevaran alimento a su casa, pero que debían regresar con su hermano menor, si no lo hacían entonces serían castigados con la muerte.

Ellos aceptaron lo que José les pedía, pero se decían entre ellos – esto que nos ha sucedido como consecuencia de lo que le hicimos a nuestro hermano, porque ninguno de nosotros tuvo misericordia de él cuando nos pedía que tuviéramos compasión de él.

Rubén, el hermano mayor les dijo – Yo les advertí que no le hicieran nada, pero como no me escucharon ¡Ahora debemos pagar el precio de su sangre!

José les entendía todo lo que ellos decían, pero ellos creían que no, porque José desde que habían llegado hablaba en idioma egipcio y otra persona les traducía, pero cuando los escuchó hablar de lo que le habían hecho, se apartó y fue a llorar.

Después de un rato, regresó y les ordenó que ataran a uno de los hermanos que se llamaba Simeón, y dejó libres a los demás, y también ordenó que les dieran provisiones para el camino, y que les dieran sacos de alimento para su casa, y que además pusieran el dinero con el que habían pagado en los sacos de alimentos que llevaba cada uno.

Los hermanos de José viajaron de regreso  a su casa y en el camino uno de ellos se dio cuenta de que llevaba su dinero entre el saco de comida, y cuando llegaron hasta la casa y vaciaron los sacos de alimento, todos se dieron cuenta de que llevaban su dinero de regreso.

Todos le suplicaban a Jacob que dejaran que regresaran a Egipto con Benjamin, el hermano menor, porque el Gobernador de Egipto, lo había pedido y había dejado preso a Simeón hasta que regresaran.

Jacob estaba muy triste, pensaba que algo le sucedería a Benjamin, él ya no estaba con José y Simeón ahora también estaba lejos, así que no quería dejarlo ir,  y aunque Ruben le dijo que él se comprometía a cuidarlo, Jacob no aceptó.

Después de unos días el alimento se acabó y tenían que regresar a Egipto, pero Judá le recordó a su padre que debían regresar con Benjamin, entonces Judá le dijo que él se haría cargo del muchacho, y entonces Jacob no tuvo más remedio que aceptar que fuera, pero les pidió que le llevaran regalos al Gobernador de Egipto de parte suya.

Cuando llegaron con José, él ordenó que los llevaran a su casa, y que prepararan comida para ellos.  Los hermanos de José le dijeron al mayordomo que habían encontrado su dinero en los sacos de alimentos, pero el mayordomo les dijo que seguramente Dios se los había devuelto, que no tuvieran miedo.

José preguntó por el padre de los muchachos y ellos le dijeron que estaba bien, y cuando vio a Benjamín, se conmovió tanto que fue hasta su habitación a llorar desconsoladamente, y luego se repuso y salió a comer con ellos.

Después de la comida, José le ordenó al mayordomo que les diera a cada uno los sacos de alimento que habían comprado, pero que colocara en los sacos de cada uno el dinero que habían pagado por el alimento y que en el saco de Benjamín colocara su copa de plata.

A la mañana siguiente los once hermanos de José salieron de Egipto para regresar con su padre, y cuando no iban muy lejos, José le pidió a su mayordomo que los persiguiera y que les dijera que él estaba muy molesto porque ellos le habían robado su copa de plata, a pesar de que él había sido bueno con ellos.

El mayordomo salió detrás de ellos y los alcanzó, y les dijo lo que José le había dicho que dijera.  Todos se sorprendieron mucho y negaron haberla tomado, uno de ellos dijo – búsquela y si la encuentra en alguno de los sacos nuestros que muera el que la tenga y los demás nos quedaremos como esclavos del Gobernador.  El mayordomo accedió, pero les dijo que solo tomaría como esclavo al que tuviera la copa.

El mayordomo buscó en todos los sacos, desde el mayor hasta el menor, y cuando buscó en el saco de Benjamín, encontró la copa.  Los hermanos de José rompieron sus ropas en señal de tristeza, y luego regresaron hasta la casa de José.

José los recibió y les preguntó por qué le habían robado, y Judá le dijo que no sabían cómo explicar lo que había sucedido y que ellos serían sus esclavos, pero José le dijo que solamente tomaría a Benjamín como esclavo.

Judá le pidió hablar en privado, y le contó lo que había sucedido con su hermano José, y le dijo que si no regresaban con Benjamín su padre moriría de tristeza, por perder otro hijo.

José no pudo resistir más y les pidió  a sus sirvientes que salieran, y luego lloró frente a sus hermanos, y luego les dijo -  Yo soy José, su hermano, al que ustedes vendieron, ¿Cómo está mi padre?, no tengan temor, yo los perdono, yo se que Dios hizo que viniera hasta aquí para que en este tiempo hubiera alimento para todos.

José abrazó a sus hermanos, y los besó, porque los amaba mucho y los perdonó por el mal que le habían hecho y además mandó a traer a su papá para que viviera con él y con sus hermanos en Egipto, porque allí había alimento para todos.

 

Muchas veces hay personas que nos han hecho mal, pero nosotros debemos perdonarlos, sobre todo si son personas de nuestra familia o amigos cercanos, porque esa es muestra de que tenemos un corazón puro, limpio y saludable.

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